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sábado, 11 de abril de 2009

Extintos, pero no olvidados.

Ya que hace unos días ofrecí un breve repaso a las novedades criptozoológicas que han pasado a engrosar nuestros conocimientos sobre la diversidad biológica del plantea, ahora le toca el turno a los hallazgos paleontológicos, los cuales no solo nos brindan la oportunidad de conocer la Fauna extinta, sino que además nos ofrecen pistas sobre los devenires evolutivos que forjaron la vida Animal que hoy contemplamos.
Para no perder la costumbre, empezaré por los yacimientos cercanos a mi entorno, mencionando el nuevo género y especie descritos por Miguel Ángel Cuesta, de la prestigiosa Universidad de Salamanca; Duerotherium sudrei es un nuevo Taxón de Artiodáctilo perteneciente a la Familia Anoplotheriidae, hallado en el yacimiento de Mazaterón (Cuenca del río Duero, España), datado en el periodo Eoceno.
De la internacionalmente célebre Sierra de Atapuerca, ubicada en Burgos, nos llegan noticias de una especie novedosa de Musaraña gigante a la que Gloria Cuenca-Bescós y Juan Rofes han descrito y denominado como Dolinasorex glyphodon; su antigüedad se estima en torno a un millón de años, por lo que es contemporánea de Beremendia fissidens, un pariente previamente conocido en el yacimiento.
Hablando de Tortugas, hace unos meses resonaba en gran parte de los Foros dedicados a los Quelonios el descubrimiento de un predecesor de éstos carente de caparazón (Denominado Odontochelys semitestacea), pues ahora, el hallazgo de un fósil fragmentario denominado Chinlechelys tenertesta nos revela que, al contrario de lo que se creía, la estructura defensiva de estos Saurópsidos no evolucionó a partir de la extensión de las costillas y la columna vertebral, sino que tiene su origen en unas duras placas dérmicas que se fusionaros entre sí y el esqueleto durante el proceso evolutivo, a pesar de que ello parezca desafiar al sentido común, pues el caparazón actual es una estructura ósea cubierta de placas dérmicas denominadas Escudos. Chinlechelys data del Triásico tardío estadounidense.
Esperado, pero no menos sorprendente es la prueba definitiva de que los Cetáceos, como cualquier Mamífero originalmente terrestre pero adaptado a la vida en el mar, parían a sus crías en tierra firme durante los primeros pasos de su adaptación marina. Maiacetus inuus es la nomenclatura elegida para esta primitiva Ballena pakistaní del periodo Eoceno datada en 47.000.000 de años que murió durante un complicado parto en tierra firme; su feto perdió también la vida en el proceso, el cual se generaba, a diferencia de sus parientes actuales, con la cabeza por delante, lo cual imposibilitaba un alumbramiento sumergido. Maiacetus presentaba robustas extremidades posteriores y cortos brazos que le permitían desplazarse hasta la orilla, tal y como lo hacen hoy día las Focas y Leones marinos.
Otro hallazgo sumamente importante por la lección evolutiva que aporta es el fósil nombrado como Panphagia protos, un Dinosaurio pendiente de clasificación definitiva, el cual se halla muy próximo al punto de separación entre los linajes que dieron origen a Saurópodos y Terópodos; el estudio de este fascinante Prosaurópodo podría revelar datos inestimables sobre tal divergencia evolutiva.
Puesto a escribir sobre Dinosaurios, quiero destacar un fósil casi articulado aparecido en la Patagonia argentina; se trata de un esqueleto muy completo atribuido a una nueva especie de Abelisáurido (Familia Abelisauridae) al que han presentado con el nombre de Skorpiovenator bustingorryi. Mucho más fragmentario, pero igualmente novedoso y de idéntica procedencia es Austroraptor cabazai, un depredador de tamaño medio, unos cinco metros de longitud, que presentaba cortas extremidades anteriores y un cráneo de bajo perfil, similar al del célebre Velociraptor, el cual resulta ser un familiar, aunque ambos son clasificados en Subfamilias diferentes.
A veces, la revisión de viejos fósiles hacinados en los sótanos y almacenes de nuestros museos nos brindan gratas sorpresas; es el curioso caso del Dinosaurio Hesperonychus elizabethae, un avanzado Microraptorinae (Subfamilia de Dromaeosauridae) etiquetado como “Lagarto” desde hace mas de 25 años en un museo canadiense. Su valor radica principalmente en que es el único Microraptorino conocido en Norteamérica y se trata del género más reciente jamás descrito, puesto que data de hace 75.000.000 de años. Con este ya son seis los géneros y ocho las especies clasificados en esta Subfamilia.
Comparable es el caso de Albertonykus borealis, un Alvarezsauridae almacenado, aunque no olvidado, en otro museo del mismo país, el cual ha resultado ser un emplumado devorador de termitas sumamente especializado, el cual guarda un parentesco muy próximo con los “Dinosaurios avinos”.

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