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miércoles, 9 de septiembre de 2009

Un bosque sin importancia.

Camino ya del final de este incendiario Verano en la Península Ibérica, va siendo hora de hacer balance de una embarazosa situación que bien puede calificarse de tragedia y que todavía no ha visto su fin.
Este año será probablemente recordado por haber calcinado literalmente las esperanzas de una regresión progresiva en el número de incendios forestales en España tras la relativa calma vivida durante el periodo estival del pasado año. Más de 95.800 son las hectáreas quemadas a lo largo de este ardiente Verano; cientos de incendios locales, a menudo provocados intencionadamente por personajes con incomprensibles motivaciones. Parece que los “buenos tiempos” en la lucha contra el fuego forestal y la regeneración del biotopo quedan todavía muy lejos para ser alcanzados.
En un ámbito más localizado, el drama se vive de otro modo. Desde hace quince años, la Sierra de Espadán, una serranía ibérica situada al Sur de la española provincia de Castellón, ha sido custodiada por vigilantes voluntarios en un esfuerzo popular por detectar prematuramente los posibles incendios estivales, propiciando así su rápida extinción. Detrás de estos voluntarios ha estado siempre la Sociedad de Amigos de la Sierra de Espadán (Oficialmente SASE o Societat d´amics de la Serra Espadá), la cual se ha encargado de gestionar los recursos necesarios y organizar las labores de vigilancia. A menudo, la vigilancia desde las atalayas y enclaves elevados repartidos por todo el Parque Natural ha resultado dura y tediosa dada la climatología local y la constante atención necesaria, pero los voluntarios han asumido desde siempre esta labor con muy buena voluntad y convicción, sabedores de que su esfuerzo contribuye a mantener vivo un ecosistema forestal mediterráneo de gran valor ecológico.
Sin embargo, este compromiso no parece estar en absoluto vinculado a la Administración Pública Valenciana, ya en el pasado quedó en entredicho el interés de la Conselleria de Medi Ambient de la Generalitat Valenciana (Consejería de Medio Ambiente de la Generalidad Valenciana) por preservar los ecosistemas forestales de su territorio, en seria regresión desde hace siglos debido a la expansión urbanística. Cada año, los presupuestos asignados a las ayudas dirigidas a los programas de voluntariado para la prevención de incendios forestales han ido decreciendo progresivamente, tal y como denunció en su momento la citada sociedad tanto a través de la prensa como en su propio boletín oficial; pero este año la postura de la autoridad autonómica ha quedado muy clara y nada dice en favor de la conservación del más rico biotopo ibérico tras los humedales.
Apenas se ha manifestado la primera excusa en forma de recesión económica, y la Generalitat aprovecha la oportunidad para minimizar toda ayuda, dejando patente su escaso interés por la prevención de incendios. Este año no solo han sido reducidas a la mitad las subvenciones destinadas a esta imprescindible tarea, sino que además no han sido efectivas hasta bien entrado el mes de Agosto, avanzado ya el Verano y en plena oleada de incendios forestales en la península. En consecuencia muy a nuestro pesar, este Verano no ha habido vigilantes voluntarios en Espadán, un espléndido bosque acuciado por una fuerte sequía estacional y convertido en un auténtico polvorín en serio peligro de devastación. La explicación a este lamentable incidente está en la incapacidad de la Sociedad de Amigos de la Sierra de Espadán para asumir por si misma los elevados costes del programa de voluntariado, el cual requiere, según la Ley de Voluntariado, el alquiler de transporte todoterreno, adquisición del necesario combustible, abastecer de alojamiento y dietas a los voluntarios, así como la provisión de un seguro personal y el equipamiento de las atalayas con zonas de sobra y sistemas de comunicación telefónica; por ello, pese a esa responsabilidad que los voluntarios sienten como propia y a su compromiso y dedicación, no ha sido posible llevar a cabo una vigilancia eficaz en la zona con las ridículas y tardías ayudas del Gobierno regional.
La fortuna ha querido que en lo que llevamos de Verano, solo tres pequeños incendios hayan aparecido en los límites del Parque Natural, pero si se han dado dos incendios de gran magnitud y peligrosidad que han calcinado más de 1.300 hectáreas de bosque en las proximidades del Parque, los cuales han obligado incluso al desalojo de poblaciones cercanas.
Ajeno a todo esto, la Generalitat Valenciana ni siquiera posee un plan específico de actuación contra la mayor de las amenazas que acosan nuestros bosques, los incendios, mientras que casi todas las Comunidades Autónomas del país cuentan ya con esos planes funcionando a pleno rendimiento. Valga este texto para manifestar mi más sólido desacuerdo ante esta política anti conservacionista y de paso para respaldar los programas de voluntariado ya que, a mi juicio, no solo contribuyen a la prevención de desastres, sino que además refuerzan el compromiso ciudadano con la preservación de sus entornos naturales ya estén o no protegidos de forma oficial.

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