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martes, 29 de junio de 2010

Un pequeño cambio con un gran impacto.

Si tan solo unos pocos acontecimientos geológicos apenas perceptibles has sido capaces de provocar un cambio radical e inmediato tanto en las corrientes oceánicas, el clima y la dibersidad biológica de todo el globo, es probablemente la formación del Istmo de Panamá el que más sorprende a la intuición por su peculiar desarrollo.
El Mioceno había sido un periodo geológico seco y frío; la aparición del casquete antártico a finales del Eoceno y el cambio climático consecuente que diezmó la biodiversidad marina y terrestre tuvo su perdurable huella en el clima global a lo largo del Oligoceno y el propio Mioceno. Las llanuras y desiertos eran los ecosistemas terrestres predominantes, donde grandes Mamíferos y Aves habían dispuesto de un considerable lapso de tiempo para adaptase y diversificarse; los dos continentes americanos, el del Norte y el del Sur, permanecían separados por el estrecho de Panamá, a través del cual circulaban libremente las aguas del océano Atlántico y la poderosa corriente pacífica de Centroamérica ejercía su papel termorregulador al mantener en movimiento estable las corrientes marinas globales.
Hace apenas cinco millones de años, iniciado el periodo Plioceno, un brutal movimiento tectónico hundió la placa de Cocos bajo la vecina placa caribeña, generando numerosos seísmos y tsunamis de gran magnitud. El colapso de la zona de subducción generó inevitablemente una frenética actividad volcánica en el estrecho, donde abundantes conos eruptivos constituyeron un apretado archipiélago alineado entre los dos continentes, bloqueando parcialmente las corrientes marinas que con el tiempo acabaron de cerrar los espacios interinsulares a causa de la acumulación paulatina de sedimentos. Había nacido el Istmo de Panamá, y el mundo no volvió a ser lo mismo.
Con el estrecho panameño cerrado, las corrientes del océano Pacífico recirculan en dirección Este y terminan por circunvalar el continente sudamericano, interactuando con las frías aguas antárticas. Al otro lado del Istmo, la corriente caribeña se desvió al hallar truncado su paso habitual, dirigiendo sus cálidas aguas superficiales hasta la costa de Europa, atravesando el océano Atlántico. El efecto sobre las aguas polares norteñas no se hizo esperar; la mayor evaporación de las aguas tropicales que se dirigían al Norte europeo indujo notables precipitaciones que se incrementaron desproporcionadamente en el transcurso de unos pocos miles de años, generando en la fría atmósfera polar una persistente nevada que se prolongaba durante gran parte del año, dando paso así a un incipiente casquete polar, el cual pronto se vio agrandado con el enfriamiento de la región, producto de una mayor refracción de la luz solar sobre las blancas superficies heladas. La escasa salinidad del hielo aglomerado sobre el mar del Norte aceleró aún más el proceso, gestando una auténtica era glaciar. Sin embargo, el casquete polar supondría con el tiempo un nuevo mecanismo estabilizador del clima y las corrientes oceánicas al ocasionar la corriente de agua salada más importante del globo, la gran corriente Termohalina que propicia la circulación de aguas marítimas por todos los océanos.

Aspecto actual del Istmo de Panamá.

Quizá sobre decir que el cambio climático resultante de un acontecimiento tan poco perceptible en el conjunto planetario supuso el fin para numerosas especies que no lograron adaptarse y una nueva oportunidad para las más favorecidas, pero a nivel continental las consecuencias del puente emergido entre las dos masas de tierra tubo secuelas igualmente irreversibles. Muchos de los grandes depredadores norteños, entre los que destacaban los Felinos, invadieron los territorios de Sudamérica arrebatándoles el puesto en la cúspide de la cadena trófica a las titánicas Aves no voladoras autóctonas. También numerosas especies botánicas y fitófagas se desplazaron hacia el Sur expandiendo sus poblaciones, aunque apenas unas pocas especies sudamericanas lograron adaptarse y proliferar en el competitivo continente del Norte; entre las que sí tuvieron éxito en su expansión boreal fueron las citadas Aves depredadoras gracias a su oportunismo.
Pequeños detalles, grandes consecuencias.

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