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miércoles, 17 de noviembre de 2010

El océano en 332 grados.

Los Escualos o Tiburones constituyen un numeroso grupo de Vertebrados Chondrichthyes de la Subclase Elasmobranchii denominados Selachimorpha; en términos más familiares esto significa que se trata de un gran grupo que conforma un Superorden de Peces Elasmobranquios de piel denticular y esqueleto cartilaginoso.
Todavía tenían que transcurrir 200.000.000 de años para que los primeros Dinosaurios diesen sus primeros pasos evolutivos en tierra firme cuando el sencillo pero revolucionario diseño de los Tiburones empezó a surcar los mares poco profundos de todo el globo. Un globo que a ojos humanos resultaría prácticamente irreconocible, como si de otro planeta se tratase, pues la fragmentación del supercontinente Pannotia a causa de los movimientos tectónicos había generado un paisaje predominado por un océano global rematado por un gran continente sureño denominado Gondwana acompañado por dos masas continentales más reducidas, llamadas Siberia y Euramérica, ubicadas en latitudes del hemisferio Norte y el ecuador respectivamente; los tres grandes continentes se hallaban relativamente próximos unos de otros y entre ellos se cobijaban grandes extensiones de mares de escasa profundidad salpicados por miles de islas. Era un mundo que bien pudiera parecernos extraño; la vida apenas había dado sus primeros pasos en tierra firme y los mares albergaban primitivas pero muy diversas criaturas entre las que los Escualos no destacaban en absoluto, aunque sus cualidades para la supervivencia y sus extravagantes diseños iniciales, caracterizados por raras formas con todo tipo de apéndices, ruedas bucales dentadas, prolongaciones corporales y un sinfín de complementos anatómicos no tardaron en abrirles paso para colonizar numerosos nichos ecológicos en todo el globo hasta el punto de monopolizar la vida piscícola hace alrededor de 300.000.000 de años, cuando más del 70 % de los Peces marinos eran Escualos. ¿Las claves de su éxito? Una percepción sensorial inusitada, una piel denticular que optimizaba y sigue optimizando sus cualidades natatorias y evita turbulencias hidrodinámicas y una adaptabilidad envidiable. Sin embargo, la extinción masiva acaecida a finales del periodo Pérmico, hace unos 250.000.000 de años, golpeó duramente este grupo de resistentes Peces cartilaginosos al profundizar en su mayor debilidad: Su reducida tasa de fecundidad motivada por una vida antisocial caracterizada por la agresividad sexual entre individuos de una misma especie. No en vano, el 96 % de las especies marinas se vieron abocadas a una rápida extinción en no más de 100.000 años.
Recuperados de semejante catástrofe, los Tiburones han vuelto a ocupar el papel preponderante como depredadores, al margen de que durante ciertos periodos, Saurópsidos marinos como los Mosasaurios y Plesiosaurios o Mamíferos como las Orcas les hayan robado temporalmente el protagonismo y a veces incluso el escalafón más alto de la cadena trófica. Su adaptabilidad les ha llevado a tomar desde formas tan características y reconocibles como las del Tiburón azul (Prionace glauca) o el Tiburón gran blanco (Carcharodon carcharias) hasta aspectos tan insólitas y peculiares como el Tiburón martillo (Sphyrna mokarran) o las Rayas, Mantas y Águilas marinas que tomaron un camino evolutivo propio. Es sin duda el diseño de esos Tiburones, comúnmente denominados “Cornudas” o “Martillos” uno de los más especializados de cuantos pueden verse en nuestros días y desde luego muchas de sus peculiaridades constituyen aún todo un misterio para la Ciencia; misterio que sin embargo empezamos a desvelar.
Los Tiburones martillo o Cornudas marinas constituyen la Familia Sphyrnidae y se incluyen en el Orden de los Carcharhiniformes. A grandes rasgos, su anatomía se asemeja enormemente al resto de los componentes de este Orden: Cuerpos musculados y dinámicos, piel denticular, reproducción ovovivípara y avanzados instrumentos sensoriales, pero un notable rasgo los distingue a primera vista de sus congéneres; se trata obviamente de su cabeza, prolongada transversalmente en relación al cuerpo como si de un martillo se tratase. Un rasgo que no pasa desapercibido.

Tiburón martillo o Sphyrna mokarran.
Recreación de Rialp “Junior”.


Los estudios Biomoleculares, basados en el análisis de marcadores del ADN Mitocondrial han definido el origen de esta llamativa forma, confirmando que los parientes más cercanos de estos Tiburones son los miembros del Género Carcharhinus, el cual presenta especies casi desconocidas para el gran público tales como el Tiburón de Galápagos, el Tiburón gris o el más popular Tiburón de arrecife, situando a sus pariente comunes, los Carcharhinidae primitivos, como ancestros comunes de unos y otros. No obstante la separación de la línea evolutiva de las Cornudas con respecto a sus parientes más cercanos se sitúa a finales de la época eocénica o principios del Oligoceno, por lo que este grupo ha dispuesto de más de 30.000.000 de años para adaptar su diseño morfológico en pro de una mayor especialización tal y como evidencia a su vez el escaso registro fósil conocido, limitado a numerosos dientes y algunas vértebras e impresiones corporales y esqueléticas.
Actualmente esta pequeña Familia se compone de dos Géneros y nueve especies; el Género Eusphyra presenta únicamente la polémica Eusphyra blochii o Cornuda planeadora, muy primitiva y a menudo dificil de clasificar, mientras que el Género Sphyrna contempla el resto de especies, que son Sphyrna corona o Tiburón martillo coronado, Sphyrna couardi o Tiburón martillo aliblanco, Sphyrna lewini o Tiburón martillo común, Sphyrna media o Tiburón martillo cuchara, Sphyrna mokarran o Tiburón martillo gigante, Sphyrna tiburo o Cornuda tiburo, Sphyrna tudes o Tiburón martillo ojichico y Sphyrna zygaena o Tiburón martillo cruz. Todas ellas disponen del arsenal sensitivo propio de los Escualos como la Linea lateral que les permite percibir movimientos y vibraciones en el agua circundante; sin embargo, esta peculiar Familia presenta, en la forma de sus cabezas, un especial soporte para dar cabida a los órganos más especializados de los Escualos con el fin de agudizarlos hasta el límite. Un buen ejemplo es la notable dispersión de las Ampollas de Lorenzini, las cuales están presentes en la mayoría de Tiburones, pero que entre los Sphyrnidae obtienen su máxima expresión, pues su mayor densidad y su disposición bajo una cabeza de semejante envergadura no solo permiten al Animal detectar los débiles campos electromagnética que sus presas emanan en el agua, sino que les dota de una sensibilidad suficiente para detectarlas incluso bajo varios centímetros de lodo y arena en el lecho marino; convirtiéndose así en los eficaces cazadores de presas sedimentarias que son; especialidad de la Familia que está lejos del alcance de otros Tiburones. No obstante, también el olfato de las Cornudas es especialmente eficiente, pues dado que este instrumento sensorial se ubica en sendos extremos de la cabeza, proporciona una percepción direccional que no solo permite detectar una partícula de sangre u otros fluidos por cada millón de agua, sino que además es capaz de determinar su procedencia con gran exactitud. Por otro lado también los ojos se hallan separados a ambos lados de la cabeza; un estudio reciente llevado a cabo por Jim Dawson para la National Geographic Society ha determinado que su visión en diplopía escruta un campo de visión de 182º angulares a cada lado, obteniendo una pequeña región frontal estereoscópica de apenas 32º. La debilidad de este enfoque es que el Escualo cuanta con una zona ciega justo delante de sí mismo y no pueden ver frontalmente a una distancia inferior al doble de la anchura de su cabeza, por lo que en distancias cortas entran en juego el resto de sentidos para la detección y captura de los Peces, Moluscos y Crustáceos que componen su dieta. Sobra indicar que también carecen de percepción visual posterior en un ángulo de 28º. Cabe destacar que el Tapetum Lucidum situado tras la Retina ocular incrementa exponencialmente la sensibilidad a la luz, lo cual permite la caza nocturna o a gran profundidad.
En definitiva, estamos ante un grupo familiar altamente especializado cuya adaptación evolutiva ha sacrificado la discreción y cierta hidrodinámica en favor de una mayor especialización que les ha permitido encontrar comida sin necesidad de competir por la mayoría de presas con otros Escualos, sin embargo, este no es el fin de su magnífica adaptación; por ejemplo, podemos ver a la evolución en acción al descubrir que el tamaño de la cabeza de Sphyrna mokarran, una especie con más de seis metros de longitud y media tonelada de peso, que acostumbra a nutrirse en mar abierto en vez de recurrir a los fondos marinos al más puro estilo de los Tiburones “clásicos”, se reduce generación tras generación, pues su peculiar diseño es menos eficaz en estos ámbitos.
Los Tiburones han habitado los mares y océanos de todo el mundo durante más de 400.000.000 de años, ocupando gran parte de ese tiempo el escalafón más alto de la cadena alimentaria marina, pero hoy su tasa de desaparición es comparable a la sufrida durante la gran extinción pérmica, aunque esta vez a manos de una especie, la humana, que los extermina irresponsablemente ya sea para su explotación comercial, por deporte, por descuido o por un irracional odio hacia unos magníficos depredadores; si no los cuidamos y dejamos de perseguirlos, el fin de su largo periplo evolutivo puede avecinarse; toda una tragedia y desde luego una debacle ecológica que debemos evitar a toda costa en pro de su futuro y el nuestro propio.
Es mi deseo dedicar este humilde artículo a Javier Juárez Sánchez de Girona, España, todo un amante de los Tiburones que depositó en mi su confianza pese a resultarle un perfecto desconocido. Reciba todo mi apoyo anímico y respeto frente a la adversidad. Salud Sr. Javier.

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