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miércoles, 9 de febrero de 2011

Energías renovables y trabajo.

Con una encrucijada nos topamos en el camino. El progreso ha sido históricamente el camino que hemos decidido seguir a toda costa, cueste lo que cueste, como si de él dependiese todo aquello que los humanos consideramos de valor, como si a nuestra especie ninguna otra cosa la definiese mejor. En el progreso se han hallado la comodidad y la solución a muchos de los problemas que nos han atormentado, pero apremia recordar que en el nombre de éste hemos cometido algunas de las mayores aberraciones; hemos atentado perseverantementemente contra el ecosistema de este planeta que nos sustenta como si sus bonanzas fusen infinitas y su estabilidad natural inquebrantable; saquear sus recursos, empobrecer su diversidad, contaminar el entorno e incluso alterar el clima han sido actividades permitidas y aceptadas como medio para potenciar ese progreso que ahora se torna en un arma de doble filo.
En nuestro mundo de los siete mil millones, aquellos recursos antaño despreciados, sacrificables en el altar del progreso, son hoy un bien de primera necesidad, aceptado ya el rol imprescindible que los ecosistemas juegan en nuestra manutención.
Ahora hablamos de crisis, los expertos llevan décadas advirtiendo del inaceptable ritmo de explotación que los recursos naturales del planeta sufren, Científicos y ecologistas anuncian ya una extinción masiva de proporciones inconmensurables y un cambio climático a todas luces fatídico, tanto para humanos como para el resto de los moradores de la Tierra. Y por si ello fuera poco, otra crisis, la financiera, que está minando el sueño de la humanidad, el progreso y sus frutos, la comodidad y el bienestar.
Nuestra peculiar encrucijada nos llevó a pensar que era necesario elegir entre nuestro amado progreso y la preservación de los recursos naturales, duelo que irracionalmente éste ultimo tenía todas las de perder; afortunadamente dejamos ya aquella discusión tomando una vía alternativa que diera satisfacción a ambas necesidades; lo llamamos, progreso sostenible, y aunque sus límites y repercusiones aun hoy no terminan de estar claros, conforman una creciente esperanza de hallar cierto equilibrio entre ambos propósitos.
Recursos alimentarios y energías son el mayor reto a la hora de integrarse en esa compleja ecuación que es la sostenibilidad del progreso dado que constituyen los dos pilares fundamentales que deben encontrar firme cimiento para sustentar la subsistencia y la actividad humana. Ambos demandantes de unos recursos que hoy escasean y cuya explotación se traduce en agresión directa al ecosistema.
Aunque el incremento de la productividad alimentaria es todavía hoy un crucigrama que mantiene ocupados a gobiernos, especialistas y productores, la demanda de energía limpia y rentable empieza a obtener poco a poco una razonable cobertura, pues los proyectos de investigación enfocados hacia la obtención de fuentes no contaminantes y mecanismos para su explotación han dado buenos resultados pese a que la perfección no se encuentra todavía a nuestro alcance.

Energía eólica, ecología y empleo en convivencia.

Es justamente la obtención de la energía que nutra nuestra actividad la que en los tiempos que corren más daño está ocasionando al medio ambiente y sin embargo la que con mayor facilidad encuentra el camino sostenible que contente nuestra demanda y contribuya a la recuperación económica que la crisis financiera dejó en punto muerto, no precisamente por su moderada rentabilidad, sino por haber supuesto un aliado contra el desempleo que asfixia la economía de países como España.
Ahora que la industria, el comercio y las finanzas luchan por seguir adelante y recuperar su pasado esplendor, la puesta a punto de instalaciones técnicas que permitan explotar los recursos energéticos libres de contaminación ha supuesto un salvavidas para muchos de los cuatro millones de trabajadores damnificados por el desempleo; no en vano, más de sesenta y ocho mil empleos son generados de forma directa por esta creciente industria y los efectivos laborales bien podrían superar los doscientos mil al finalizar la presente década; si contabilizamos de igual modo los puestos de trabajo generados de forma indirecta, ahora mismo encontramos a 113.300 trabajadores que deben su actividad laboral a las energías renovables.
Pese a que fueron muchas las formas propuestas para la obtención de este tipo de energías, son por ahora la solar y sobre todo la eólica las que más acogida han recibido entre administraciones y particulares, siendo por tanto estas dos las que mayor riqueza y empleo generan en la actualidad. Gracias también a algunas de las políticas emprendidas por el ejecutivo nacional y las diferentes administraciones territoriales, tales como la obligatoriedad de independencia energética de los edificios públicos de reciente factura mediante el uso de placas fotovoltaicas o el empeño de ciertas autonomías por abastecer al menos un tercio de la demanda energética de su territorio de forma limpia antes del próximo año, el sector energético “verde” ha visto crecer sus efectivos y expectativas de futuro.
El reciente estudio gestado y publicado por el Instituto Sindical de Trabajo, Ambiente y Salud (ISTAS) por encargo del Instituto para la Diversificación y Ahorro de Energía (IDEA) ha desvelado el verdadero potencial que presenta el sector energético de las renovables y le augura un próspero devenir. Dicho estudio ha revelado además que el 44 % de los empleos del sector están relacionados con la instalación y mantenimiento de parques eólicos mientras que el 38 % están sustentados por la energía solar, aunque no se ha discernido entre trabajadores dedicados a la instalación fotovoltaica y los que se consagran a la puesta a punto de grandes parques centralizados para el aprovechamiento de la energía solar como el de Sanlúcar en Sevilla, aunque se estima que este tipo de instalaciones Solar – Térmicas dan trabajo a casi el 10 % del total de empleados. Muy por detrás se hayan la explotación de biomasa con un 5 % y otras formas de obtención energética.
Trabajo remunerado y bien pagado es lo que ofrece un sector que en busca de la ansiada rentabilidad y como siempre en nombre del progreso ofrece en un país sediento del empleo y la riqueza antaño abundantes.

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