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lunes, 7 de marzo de 2011

Piedras en el espacio.

Aunque carecen del glamur de los cometas, dotados de largas colas brillantes de vapor y partículas arrastradas por el viento solar, los asteroides constituyen el grupo de elementos sólidos de gran tamaño más abundantes del Sistema Solar y casi con toda seguridad de cualquier sistema planetario que orbite en torno a una estrella. Llamamos asteroide a todo cuerpo rocoso, metálico o carbonáceo más pequeño que un Planeta y mayor que un meteoroide cuya órbita se traza alrededor del Sol sin alejarse más allá de Neptuno. Observados desde nuestro planeta, los asteroides tienen aspecto de estrella, de ahí su nombre que significa "de figura de estrella"; nombre dado por John Herschel poco después de que los primeros fueran descubiertos. Actualmente, los asteroides son llamados Planetoides o Planetas menores, denominaciones que se ajustan más a lo que en realidad son, y los engloba en la misma categoría que los cometas y aquellos cuerpos con órbitas trazadas más allá de Neptuno, conocidos como objetos transneptunianos. La mayoría de los asteroides de nuestro Sistema presentan órbitas semiestables entre Marte y Júpiter, conformando el Cinturón de asteroides, pero algunos son desviados a órbitas que cruzan las de los Planetas mayores y corren el riesgo de impactar contra ellos en forma de meteoritos, tal y como pudo ser documentado durante la colisión del Cometa Shoemaker - Levy 9 con Júpiter.
El modo en el que se clasifican estos cuerpos es muy dispar y a menudo polémico, aunque por lo general la metodología ha ido cambiando progresivamente a lo largo de varios siglos. Hasta fechas recientes, el método más extendido comprendía cinco categorías: Asteroides del Cinturón, Asteroides cercanos a la Tierra o NEA, Asteroides coorbitantes de la Tierra, Asteroides centauros y Asteroides troyanos, mientras que en la actualidad se prefiere generalmente el sistema espectral, consistente en atender a su espectro óptico, el cual es correspondiente a la composición de su superficie y tiene en cuenta también su albedo, es decir, la cantidad de luz solar que reflejan. Hasta la fecha son reconocibles ocho categorías clasificatorias mediante este procedimiento, siendo denominados Tipo C, D, E, M, R, S, T y V.
Las dimensiones de estas "rocas orbitales" resultan de lo más variadas; los más grandes, cuya gravedad les confiere un aspecto cuasi esférico, fueron clasificados recientemente como Planetas enanos como es el caso de Ceres con sus 952 kilómetros de diámetro, mientras que los más pequeños presentan apenas diez metros de diámetro medio, pues los cuerpos de menos tamaño son ya clasificados como meteoroides. Algunas estimaciones indican que existen al menos dos millones de asteroides con diámetros medios mayores que un kilómetro; ciento cincuenta millones o más que miden más de cien metros y se calcula en billones de ellos los que miden más de diez metros.
Durante siglos, los asteroides pasaron casi desapercibidos; su sutil brillo contemplado desde la Tierra apenas permitía observar aquellos sólidos que se acercaban lo suficiente y cuando éstos eran descubiertos y descritos se confundían a menudo con los tenues Planetas. La invención del telescopio y su exponencial desarrollo tecnológico supuso una revolución en la materia, pues permitía contemplar y catalogar masivamente asteroides de tamaños y composiciones de lo más variadas. La era espacial aportó con posterioridad técnicas e instrumentos valiosos que permitieron un estudio mucho más profundo y preciso, pudiéndose reconocer con ellos características físicas y químicas de cometas y asteroides. Pero ha sido otra rama científica y tecnológica asociada a la citada era espacial la que ha permitido contemplar esas “piedras del espacio” de un modo inimaginable hasta hace unas décadas, pues el uso de sondas espaciales no tripuladas ha permitido no solo observar y analizar asteroides, sino también visitarlos, recolectar muestras de sus superficies e incluso posarse suavemente sobre ellos como si de un aterrizaje se tratara.
En efecto, las sondas espaciales nos han abierto un mundo de posibilidades para conocer mejor a los asteroides y cometas del Sistema Solar; cada máquina es diseñada y construida con una misión científica concreta, aunque en ocasiones tras haber sido llevado a cabo su objetivo son reutilizadas para experimentar, sacando en máximo provecho a su tecnología.
Near Earth Asteroid Rendezvous, más conocida como NEAR Shoemaker constituye el concepto tipo de lo que debe ser una sonda espacial asteroidal; este aparato, lanzado por la NASA el 17 de Febrero de 1.996 con su masa superior a los ochocientos kilógramos formaba parte del Programa Discovery y consistía nada menos que en el estudio en profundidad de un asteroide cercano a la Tierra, en concreto el 433 - Eros, el segundo mayor objeto cercano a la Tierra (Sin contar la Luna), con un tamaño de 13 kilómetros de anchura 13 altura y 33 de longitud. Tras resolver sus muchos problemas técnicos en el espacio, la sonda se acercó lo suficiente a su objetivo el 23 de Diciembre de ese mismo año, a una velocidad de 965 metros por segundo y se mantuvo a una distancia de 3.827 kilómetros para obtener una trayectoria de acercamiento y finalmente alcanzarlo de nuevo y entrar en su órbita el 14 de Febrero de 2.000. Una vez obtenido su objetivo inicial, el equipo encargado del funcionamiento y operación de NEAR Shoemaker decidió improvisar el primer aterrizaje de la historia sobre un asteroide, lo cual se consiguió el 21 de Febrero de 2.001 tras dos intentos. Las fotografías y otros datos obtenidos de este cuerpo descubierto por Gustav Witt el 13 de Agosto de 1.898 están entre los mejores captados de un asteroide. Pese a las adversidades, la misión fue un gran éxito.
Otra máquina semejante es la llamada Deep Space One, la cual no fue otra cosa que un demostrador tecnológico con el que probar una serie de tecnologías novedosas relacionadas con la exploración espacial. La sonda, de facturación estadounidense, se lanzó el 24 de Octubre de 1.998, sobrevoló el asteroide 9969 - Braille en Julio de 1.999 y el cometa Borrelly en 2.001, añadiendo valor científico a la misión que pudo ser prolongada en varias ocasiones hasta su finalización en 2.001. Deep Space One fue la primera misión del programa New Millenium de la NASA, pero dado su carácter experimental no obtuvo datos especialmente buenos de los cuerpos que sobrevoló.
Ya puesto a citar misiones de este calibre, creo que requiere especial mención la sonda Hayabusa de la Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial cuyo propósito fue el de recoger muestras de material de un asteroide cercano a la órbita terrestre y traerlas a la Tierra para su análisis; el objeto elegido fue 25143 - Itokawa, de apenas trescientos por setecientos metros de envergadura. Esta misión me parece personalmente muy meritoria, no solo por la complejidad de su tarea, pues nunca se había tratado de recopilar muestras para regresar con ellas a la Tierra, sino que además tuvo que superar un sinfín de obstáculos técnicos, incluido su agónico regreso con sus motores averiados tras una toma de muestras accidentada que no permitió averiguar con certeza si había resultado exitosa hasta la apertura del contenedor de muestreo en el laboratorio. Alabo el empeño del equipo nipón que trabajó sin descanso para mantener funcionando la achacosa onda frente a las adversidades sabiendo que su trabajo bien pudo ser en vano al desconocerse si había muestra alguna en el interior del autómata. Lástima que fuesen minúsculos los elementos obtenidos, pero al menos el esfuerzo se vio recompensado.
Por su parte, también la sonda espacial Galileo, construida específicamente para indagar en el sistema de Júpiter y sus satélites, tuvo oportunidad de visitar algún asteroide por el camino, aportando valioso material científico de los objetos estudiados mientras tenía la oportunidad de probar sus instrumentos científicos antes de abordar su misión principal. Gracias a esta estupenda sonda hoy conocemos mucho mejor a 951 - Gaspra y 243 – Ida con su pequeño satélite.
En el futuro, todo indica que habrá más y mejor, dado que las agencias espaciales de Estados Unidos, Japón y Europa presentan algunos proyectos de lo más apasionantes en materia de estudio de asteroides. Un buen ejemplo de esta situación tiene nombre propio, se llama Misión Dawn y sus 1.237 Kg. fueron lanzados en Septiembre de 2.007 a la caza y captura de 4 - Vesta y Ceres. Se prevé que Dawn pueda centrarse en su primer objetivo el año próximo y llegue a Ceres en 2.015; tengo puestas muchas esperanzas en poder conocer de cerca ese fascinante Planeta enano, que por cierto será el primer objeto de este grupo en ser visitado.

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