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miércoles, 26 de octubre de 2011

Prósperos y amparados.

El Buitre leonado, también llamado Buitre común o Buitre pardo, es una imponente rapaz de hábitos carroñeros cuya población se extiende por la Península Ibérica, Cerdeña, los Balcanes, Crimea, África septentrional y Asia occidental, desde Turquía, Arabia y el Cáucaso hasta puntos del Himalaya oriental y el Noroeste de la India. Antaño también estuvo presente en algunos puntos de Francia e Italia continental, pero su extinción en estos países ha supuesto que las poblaciones actuales se deban a trabajos de reintroducción en áreas muy aisladas.
Bajo la nomenclatura científica Gyps fulvus encontramos a una de las mayores Aves de Europa, con una envergadura de más de dos metros y medio, y una de las pocas especies de Buitres que habitan el continente. La subespecie Gyps fulvus fulvus ocupa la parte occidental del territorio indicado hasta los enclaves más orientales de Europa y Asia menor.
La supervivencia de este miembro de la Subfamilia Aegypiinae, quizá la más extraordinaria de cuantas componen la Familia Accipitridae por su peculiar porte y sus excepcionalmente especializados hábitos alimentarios, ha estado permanentemente asegurada en la Península Ibérica, una situación notablemente infrecuente entre la Fauna de la región, a menudo amenazada por la actividad humana.
Durante siglos, los Buitres han rapiñado los cadáveres que las enfermedades, los depredadores y los rigores del entorno han dispuesto ante su hipersensible olfato y acuciada vista; sin embargo, la acción humana ha ido mermando las poblaciones de grandes herbívoros y depredadores, objetivos naturales de los Buitres; dicha disminución de efectivos tubo como consecuencia inevitable un descenso en la abundancia de cadáveres silvestres para estos carroñeros, no obstante, a medida que la actividad agropecuaria se imponía en todo el territorio ibérico y los grandes Mamíferos iban perdiendo efectivos a causa de la competencia hallada en los Animales domesticados y la caza masiva practicada para eliminar posibles depredadores y competidores del ganado, los Buitres se disponían a cambiar de hábitos.
Esta nueva situación, generalizada a partir de la Edad Media, no tuvo en absoluto un impacto negativo en los Buitres, pues a falta de grandes Ungulados silvestres abundaban los cadáveres de reses muertas, abatidas por la enfermedad o capturadas por los escasos depredadores que como el Lobo persistían en sobrevivir a la sombra de la especie humana.
Efectivamente, la actividad ganadera no hizo más que brindar una oportunidad de oro al Buitre leonado para nutrirse y prosperar mientras muchas otras especies autóctonas veían mermar sus poblaciones e incluso veían amenazada su supervivencia. Con todo, el panorama tenía que cambiar una vez más para el Buitre a mediados y finales del siglo veinte. Con cierto retraso con respecto a muchos países europeos, España despertava a una nueva realidad, y la actividad agropecuaria empezó a perder empuje frente a otros sectores económicos como la industria, pero ahora, ya privados de gran parte de los recursos naturales antaño abundantes, los Buitres tuvieron que lidiar con el progresivo abandono de las explotaciones ganaderas, y con ellas, naturalmente, a su sustento primario.
Si bien España sigue siendo una potencia europea en lo que a actividad agrícola y ganadera se refiere, la situación auguraba un pronunciado declive para las Aves necrófagas tras la disminución de las economías agropecuarias, en cambio, hoy día es posible observar enormes bandadas de estas titánicas rapaces luchando por los cadáveres como lo llevan haciendo durante siglos en este mismo territorio, en grupos gregarios de hasta quinientos individuos.
Lejos de conformar un misterio, su supervivencia se debe mayoritariamente al empeño puesto a tiempo por autoridades y grupos ecologistas en su protección y mantención. Un trabajo bien orientado que logra mantener al Buitre leonado lejos de las listas de especies amenazadas. Siguiendo esta misma política, en 1.990, Gyps fulvus fue clasificada como especie de especial interés, es decir, el reconocimiento de que merece una atención particular en función de su valor científico, ecológico, cultural y por su peculiaridad morfológica y alimentaria, con lo que se exige la redacción de un Plan de Manejo. A su vez está incluida en los Anexos I y II de la Directiva europea de Aves, en el Anexo II del Convenio de Berna, en el Anexo II del Convenio de Bonn y en el Anexo I del Convenio CITES.
En nuestros días, decenas de comederos especiales han sido estratégicamente esparcidos por el territorio nacional español con el fin de nutrir a las crecientes bandadas de Buitres que se instalan en sus cercanías, aunque entre Científicos, ecologistas y autoridades reina la comprensión de que no resulta aceptable mantener a una especie silvestre de forma tan artificial y dependiente, por lo que se trabaja del mismo modo en la protección de especies y territorios con el fin de que algún día, el Buitre leonado pueda volver a valerse por sus propios medios. Por ahora nos conformamos con verle planear sobre nuestras tierras con su majestuosa silueta.

lunes, 17 de octubre de 2011

BOINC. La Ciencia de la Computación distribuida.

Tras casi dos semanas de trabajo, muchas pruebas y algunos aciertos, hoy me complace presentar ante los lectores de El Espejo de la Ciencia el vídeo “BOINC. La Ciencia de la Computación distribuida”, nada menos que el documento audiovisual más complejo y ambicioso de cuantos he emprendido hasta la fecha.
El proyecto surgió con la idea inicial de aportar un artículo complementario que diese mayor calado a un texto publicado en este mismo Blog en el año 2.009; mi intención era presentar una completa guía acerca de cómo colaborar en la plataforma de computación distribuida BOINC o Berkeley Open Infrastructure for Network Computing, el mayor sistema de computación al servicio de la Ciencia, la Tecnología, la Medicina, las Matemáticas o el entretenimiento. Con este documento orientativo era mi deseo fomentar la colaboración voluntaria entre los lectores de este portal.
Sin embargo, no tardé en reenfocar esta idea desde un punto de vista alternativo, pues al confeccionar dicho documento en forma de audiovisual podía generar una presentación mucho más atractiva y dinámica, que podría satisfacer a los espectadores del canal Xinquer – El Espejo de la Ciencia con base en YouTube además de los citados lectores.
Tomada esta decisión, empecé a preparar los diferentes elementos requeridos para el trabajo, con lo que pronto aparecieron los primeros inconvenientes, y es que si bien no se trata de un vídeo especialmente complejo, se me presentó como un gran reto, al verse involucrados elementos que o bien no estaban originalmente a mi alcance o me enfrentaba a ellos por vez primera. Los cambios en la presentación de mi escritorio y la obtención de vídeos mediante capturas de pantalla estuvieron entre las primeras tareas, a las que les siguieron la obtención de banners y plantillas de presentación, imágenes fijas y rótulos.
Un reto más complejo resultó ser la creación de una narración verbal, pues resultaba evidente que una presentación escrita no iba a dar buen resultado dada la cantidad de información a reflejar; para ello tuve que redactar un guión preliminar que más tarde se vería convertido en voz mediante un programa de lectura automática, diseñado en origen para facilitar la comunicación ente Internet y usuarios invidentes. El proceso requirió muchas pruebas para elegir el software más adecuado y muchas otras para ajustar la narración a las imágenes, tratando de aportar tanta información como fuese posible a un ritmo de narración predefinido y un tiempo limitado. El resultado de este proceso quizá no resulte tan agradable como hubiese deseado, pero tras muchas horas de ensayos y ajustes, me doy por satisfecho.
La música parecía ser otro obstáculo más que afrontar, no obstante me incliné por hacer uso de varios ritmos elementales, para los cuales hice uso de un viejo teclado electrónico de la década de 1.980, con sus detalles metálicos y su escasa definición. Al final he logrado una banda sonora bastante monótona, que era justo lo que buscaba.
Más de cuarenta elementos gráficos y sonoros se han visto involucrados en definitiva en la obra ya finalizada, su montaje me resultó bastante costoso, pero en absoluto complicado, aunque fueron necesarias dos maquetas previas y varios intentos para dar con la fórmula definitiva cuyo resultado hoy les presento.
Para que se hagan una idea de lo que van a ver, les adelanto que estamos ante un audiovisual de producción propia que presenta una introducción general acerca de la plataforma BOINC, su funcionamiento, sus implicaciones y proyectos. A continuación alternaremos explicaciones muy prácticas sobre cómo obtener, instalar y operar el software con la presentación de gráficos de diferentes proyectos y exposición de las muchas posibilidades que ofrece una comunidad de cómputo en red sin precedentes. Espero que este video cumpla con su objetivo inicial y al menos algunos de los lectores y espectadores de El Espejo de la Ciencia se animen a colaborar con nosotros; supone un minúsculo esfuerzo con implicaciones trascendentales.
A día de hoy, BOINC es una plataforma de computación distribuida que opera con 39 proyectos, algunos de los cuales se encuentran entre los más importantes de cuantos se están llevando a cabo en la actualidad, concernientes a disciplinas tan diversas como Medicina, Biología, Física, Química, Astronomía, Aeronáutica, Matemáticas, Informática, inteligencia artificial, Climatología, etcétera. Todo ello gracias a la generosidad de 2.275.664 usuarios que voluntariamente ceden los recursos que puntualmente no utilizan de sus computadoras personales de hogares, oficinas o espacios públicos; conformando una red de cálculo compuesta por 6.159.686 PCs que en conjunto operan a 15,548 TeraFLOPS, constituyendo la herramienta de cómputo más potente del mundo, trabajando a casi el doble de la velocidad operativa del mayor superordenador del planeta.
Dado que este inestimable recurso al servicio de la Ciencia tan solo es posible gracias a aportaciones voluntarias que apenas requieren tiempo por parte del usuario y por supuesto ningún dinero (A menos que prefiera hacer una donación económica a proyectos concretos), les animo a unirse a nosotros, es fácil, rápido y puede elegir a que proyectos desea contribuir. Sin más preámbulos, les dejo con mi última presentación audiovisual.

BOINC. La Ciencia de la Computación distribuida.

jueves, 13 de octubre de 2011

Pasiones y obsesiones por las Setas.

Antaño considerados como Plantas, los Hongos, Levaduras, Mohos y Setas son clasificados hoy en un Reino biológico independiente, al que denominamos Fungi. Las diferencias entre ambos grupos son claras, aunque no siempre fueron debidamente apreciadas: El rasgo más distintivo de los Hongos se encuentra en sus quitinosas pareces celulares, muy diferentes de las que presentan los Vegetales compuestos siempre de Celulosa; otra diferencia más sutil la hayamos en la biología enteramente parasitaria que llevan algunas especies. Entre las Setas encontramos además esos llamativos Esporocarpos, órganos reproductores que llevan a cabo la diseminación de esporas tras emerger de la tierra en donde se desarrolla la vida del Hongo progenitor.
Son precisamente las Setas, promesa de una nueva generación para los Hongos y de una suculenta comida para muchos aficionados, las que inducen toda clase de pasiones culinarias enunos y obsesiones recolectoras en otros. Tales emociones desatadas impulsan a millones de aficionados y semiprofesionales a recorrer los montes boscosos de todo el mundo cada otoño en busca de las preciadas Setas, a veces con pleno conocimiento de causa, pero demasiado a menudo enzarzados en una alocada carrera por la mayor recolección posible que termina por expoliar los recursos y dañar el entorno.

El bosque mediterráneo, rico entorno para las Setas.

Esta situación no es diferente en la Sierra de Espadán, una de las serranías más orientales del Sistema Ibérico. También aquí, cientos de recolectores invaden el bosque mediterráneo cada estación otoñal en busca de algunas de las especies de Setas más apreciadas y a menudo codiciadas de cuantas crecen en el entorno. Merced a esta situación, cada año los grupos ecologistas locales denuncian gran número de incursiones de personajes sin escrúpulos que perturban y destruyen el delicado ecosistema que sustenta a tantas especies de Hongos removiendo el manto de hojarasca que aporta la química y el ambiente apropiado para su desarrollo. A causa de las insistentes demandas, las autoridades regionales han optado por realizar un control y registro del personal que accede a las áreas más propensas al desarrollo de Setas y se han impuesto límites de extracción a los recolectores, aunque este control resulta altamente complejo y notablemente ineficiente dada la extensión de monte a controlar.
Consecuentemente se lleva emprendiendo desde hace años una estrategia paralela a los controles; la educación concienciativa. Sabedores de que el torrente de publicaciones sobre la materia que se editan cada año no son suficientes, la organización de cursos de orientación y educación ambiental se han convertido en un valioso recurso, al menos en esta zona del levante español.
Si bien es cierto que las condiciones meteorológicas experimentadas en los últimos meses no auguran un Otoño propicio para la recolecta de Setas, pues la ausencia de lluvias significativas desde la pasada Primavera han ocasionado una sequedad del terreno en absoluto favorable para la proliferación de los Esporocarpos, ya son varios los cursos temáticos programados para esta campaña. Sin más demora, mañana mismo se celebran en la cercana localidad de Benicássim las II Jornadas Micológicas.
Tras el rotundo éxito de la primera experiencia, este año se repiten planteamientos aunque se puntualiza el programa. Para empezar, la tarde - noche del Viernes inaugura el curso con una conferencia de lo más apasionada; Jesús Albuixech, especialista en la Flora y el paisaje mediterráneo y técnico responsable de Medio Ambiente del Ayuntamiento de la población y Luis Bernal, experto Micólogo y restaurador profesional impartirán sus cuantiosos conocimientos a partir de las veinte horas en una charla titulada “Los paisajes castellonenses y sus Setas”. Las actividades se retomarán el Sábado, cuando los participantes se reúnan en la Plaza de las Cortes Valencianas de la citada localidad para recibir una clase al aire libre acerca de las muchas especies de Setas que es posible hallar en las tierras provinciales, sobre la comestibilidad o toxicidad de las mismas, acerca del modo correcto de moverse por el terreno y recolectar las piezas y sobre el equipamiento adecuado para las incursiones sin descuidar el buen trato al entorno y las precauciones a tomar para no ocasionar daños ambientales. Una vez tomada la lección teórica, su aplicación práctica se llevará a cabo en forma de excursión parcialmente guiada por los lares circundantes en busca de las especies apropiadas. La jornada del Sábado se completará con una nueva reunión para identificar las Setas recolectadas, intercambiar impresiones y atender dudas y preguntas. El curso se dará por finalizado el Domingo tras la degustación de Setas gracias a la colaboración del restaurante local “Vermut”, se trata de una actividad programada para las diecinueve horas del día dieciséis. Cabe indicar que para participar en esta actividad es necesario inscribirse previamente y que las plazas son limitadas; no obstante, si algún lector desea participar, indico que el número telefónico 628 – 11 – 70 – 60 es el facilitado por el Centro Excursionista de Benicássim, entidad organizadora del programa, para solicitar dicha inscripción. Se atenderán llamadas hasta pocas horas antes de iniciar el curso.

Recolección de Setas en la Sierra de Espadán.

Apenas finalizado este evento, una nueva cita se nos presenta, esta vez en el Distrito Marítimo de Castellón de la Plana. Asmicas, es decir, la Asociación Micológica de Castellón, ha preparado una programación mucho más seria y teórica que la descrita anteriormente, enfocada de forma estrictamente biológica. Se trata de la VIII Exposición de Setas “El Pinar” y tendrá lugar en el Aula de Naturaleza del citado distrito castellonense entre los días diecisiete a diecinueve del mes en curso bajo el título “Visita al mundo de las Setas: Bienvenidos al Reino Fungi”. Un curso que se inaugurará el Lunes a las veinte horas con una presentación a cargo del presidente de Asmicas, Gonzalo Miguel Ferrer. Seguidamente se ofrecerá una didáctica clase sobre la morfología de los Hongos y de los Esporocarpos; El Martes, respetando el mismo horario, se abordará el ciclo vital de estos entes biológicos y el Miércoles se centrará la atención en la distinción y clasificación de especies, así como en su correcta identificación. En total, se cursarán seis horas tras las cuales serán otorgados los correspondientes diplomas que acrediten a los asistentes.
Sendas actividades conforman un excelente ejemplo del afán informativo y educativo incitado por una situación que puede tornarse insostenible en los bosques mediterráneos si se reitera en el expolio de recursos sin control ni conciencia, aunque no son en absoluto los únicos.
El mensaje no puede ser más claro, si deseas recolectar Setas, hazlo con moderación y respeto.

sábado, 8 de octubre de 2011

El mar que engendró Las Rocosas.

Periodo Cretácico, hace ciento veinte millones de años. En una época en donde los restos fragmentarios del antiguo supercontinente Pangea se resquebrajan y separan dando forma a un mundo que antes y después hubiese resultado casi irreconocible, no es extraño contemplar como las aguas de Panthalassa se filtran abriéndose paso entre las fisuras abiertas por el movimiento tectónico en un continente que antaño estaba conformado por la práctica totalidad de la tierra emergida.
Hacía apenas treinta millones de años que el mar de Tetis había colmado la cuenca ocasionada por la escisión de Laurasia, al Norte y Gondwana al Sur extendiendo sus aguas desde el mar Paleotetis emplazado en el sector centro oriental de Pangea con ciento treinta millones de años de anterioridad, cuando corrían los tiempos del periodo Pérmico. Durante el Cretácico, Tetis ya ocupaba el sector central del antiguo Pangea, formando un cinturón marítimo entre las dos tierras separadas, las cuales se estaban fracturando a un ritmo considerable, marcando el patrón continental que tras millones de años de ajustes y cambios darían forma a los continentes que tan familiares nos resultan hoy.
Un retrato planetario de la época mostraría un gran continente norteño, precursor de la actual Asia, aunque su posición y forma no invitaría en absoluto a identificarlo como tal; al Oeste, un grupo de islas y archipiélagos esparcidos por el centro de Tetis constituiría la promesa del subcontinente europeo; echando una mirada a este arcaico planisferio, Norteamérica se dibujaría como una gran masa de formas retorcidas. Al Sur, una extensión de tierra marcada por una lengua marina bien nos recordaría a Sudamérica, con una forma bien definida. África se aparece ante nosotros como tres moles continentales, una al Sur, cuya forma ya recuerda a las tierras subsaharianas y dos más reducidas al Norte inundadas por el mar que ocupa gran parte del Sahara moderno. Todavía es posible ver al subcontinente indio ubicado en el punto de partida, frente a las costas surorientales de África y la Antártida y Australia fusionadas más al Sur.
Un panorama ancestral que sirvió de escenario de uno de los acontecimientos geológicos más llamativos de su tiempo desde mi punto de vista. Se trata de la conformación y evolución del mar de Niobrara, en las inmediaciones del continente de Norteamérica.
Hace unos doscientos ochenta millones de años, la placa tectónica de Norteamérica chocó frontalmente con la del Pacífico Norte, generando una proyección vertical del terreno; esta orogénesis dio origen a la cordillera de las montañas Rocosas, constituidas por una peculiar geología que merece la pena mencionar.
Durante las primeras etapas del Paleozoico, esta parte del continente se hallaba bajo las someras aguas de un mar poco profundo, lo cual propició la acumulación estratigráfica de roca Caliza y Dolomita, pero un alzamiento de la superficie no solo emergió el antiguo lecho, sino que fomentó la creación de Argilita y material rocoso metamórfico. Un levantamiento muy posterior, acaecido hace unos trescientos millones de años dio como resultado la aparición de una cadena montañosa primaria, que discurría a lo largo del trazado sureño de la actual cordillera. La aparente estabilidad de Pangea supuso el cese del empuje para aquella primitiva serranía, la cual sufrió paulatinamente los efectos de la erosión hasta el punto de quedar reducida a vastas extensiones costeras de material sedimentario. En cualquier caso resultó tratarse de una situación provisional, pues el movimiento tectónico de la placa norteamericana terminó por desgajar Laurasia no mucho después de que éste se disgregase del supercontinente, el choque consecuente impulsó la sólida roca metamórfica de la corteza hacia cotas hasta entonces inauditas en la región. Atravesando las capas más superficiales y blandas de Caliza y otros sedimentos. Tan notable verticalización del terreno conllevó inevitablemente una depresión continental adyacente que propició la inundación del territorio emergido en dos fases.

Mar de Niobrara a mediados del Cretácico
comparado con el continente actual.

En primera instancia, una lengua acuática se vertió desde el Noreste, generando el mar de Mowry, una extensión del primigenio mar Ártico que más tarde formaría parte del emergente océano Atlántico. El elevado nivel del mar, propio del Mesozoico a causa de las altas temperaturas que expandían el elemento vital y la inexistencia de casquetes polares y grandes extensiones glaciares ocasionó que el mar de Tetis anegara las zonas bajas del continente desde lo que hoy es el mar Carebe, fusionándose con el mar de Mowry para generar una vasta extensión marítima de interior, denominada mar de Niobrara aunque más conocida como mar interior occidental o mar cretáceo de Norteamérica.
Esta nueva situación implicaba la presencia de un mar interior relativamente superficial rodeado de tres grandes masas continentales; una vasta y alargada extensión de tierra que discurría de Norte a Sur a lo largo de la orilla occidental, presidida por la cordillera de Las Rocosas; una gran isla norteña ubicada a mayor latitud que los grandes lagos actuales y un extenso territorio oriental a medio camino entre el recién aparecido mar y el incipiente Atlántico. A finales del periodo Cretácico, hace unos ochenta y cinco millones de años, el mar interior occidental llegó a ocupar una extensión de casi un millar de kilómetros de anchura y más de tres mil doscientos cincuenta de longitud de Norte a Sur. Pese a su condición de mar continental, en algunos puntos alcanzó casi novecientos metros de profundidad, una cota reducida para un mar, pero suficiente para generar un notable rango de ecosistemas a diferentes profundidades.
El estudio estratigráfico confirma que el Cretácico fue un periodo cálido; el mar de Niobrara gozaba de el clima cálido al que sus aguas contribuyeron a generar localmente en consonancia con la climatología global y un ambiente tropical, por lo que en él proliferaban las Algas calcáreas que condicionaron su estratigrafía. Un ecosistema marino rico y próspero se desarrolló en la región, tal y como demuestra el registro fósil en el que están presentes desde grandes Mosasauróideos, Escualos y notables Peces óseos hasta diminutos Crustáceos, Moluscos y Corales pasando por los típicos Ammonoideos y otras criaturas contemporáneas propias de cualquier otra extensión marina del planeta.
Resulta obvio al juzgar por la situación actual que el mar interior occidental terminó retirándose, un proceso gradual pero ininterrumpido de elevación del lecho marino fomentado por la misma tectónica de placas que le dio origen terminó por empujar sus aguas, vertiéndolas en el creciente océano Atlántico, completando el proceso hace unos setenta millones de años.
Desde entonces, el continente norteamericano ha estado alejándose cada vez más de Eurasia, de hecho, todavía hoy sigue moviéndose en esa misma dirección, pero han tenido que alternarse multitud de acontecimientos geológicos y climáticos para que este continente tome la forma que hoy nos resulta tan conocida, aunque será en otra ocasión cuando narre esa caprichosa cadena de acontecimientos.
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