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martes, 1 de noviembre de 2011

Fuego bajo las olas.

Un puñado de islas e islotes esparcidos por la costa noroccidental del continente africano reciben el nombre común de Macaronesia. Macaronesia ocupa una extensión marítima de gran tamaño y todas sus islas tienen un origen volcánico; en su mayoría se enclavan en puntos calientes de la placa tectónica africana a excepción de las islas Azores que se formaron en la Dorsal mesoatlántica, en la intersección entre las placas africana y norteamericana.
Cinco archipiélagos dispersos pueden apreciarse en la región; estos son, las islas Azores, Madeira, las Islas Salvajes, las islas Canarias y Cabo Verde. La soberanía de estos enclaves insulares queda repartida entre el Reino de España, la República Portuguesa y la República de Cabo Verde. Por su magnitud, son las islas Canarias, el archipiélago español, el que destaca entre el resto, pues conforman un grupo insular de considerable extensión enclavado en una región notablemente profunda del océano Atlántico.
El archipiélago de Canarias está compuesto por siete islas mayores, un islote y un subarchipiélago; las islas principales se disponen casi longitudinalmente y de Oeste a Este son denominadas El Hierro, La Palma, La Gomera, Tenerife, Gran Canaria, Fuerteventura y Lanzarote; el islote de Lobos se encuentra frente a la costa Norte de la isla de Fuerteventura y el subarchipiélago de Chinijo está conformado a su vez por las islas de Montaña Clara, isla Alegranza y La Graciosa, así como por los islotes de Roque del Oeste y Roque del Este, presentes en la misma disposición.

Archipiélago de Canarias.

Una serie de volcanes concentrados en esta área limitada conformaron un colectivo insular subtropical de clima variable en función de la exposición a la influencia continental de la Europa occidental en las vertientes norteñas y el subtrópico africano en las cotas isleñas del Sur. Es precisamente este clima bipolar, unido a la condición de enclave insular volcánico, y por lo tanto no ex continental lo que ha condicionado una biodiversidad endémica única, con una variedad de ecosistemas que dan soporte a esa diversidad biológica sin parangón en estos lares atlánticos. No en vano, las islas Canarias contemplan varias Reservas de la Biosfera y entornos y monumentos naturales señalados como Patrimonio de la Humanidad, todos ellos declarados por la UNESCO; además, cuatro Parques Nacionales de especial interés en el panorama estatal están presentes aquí.
Dado que la actividad volcánica de Canarias apenas se remonta unos treinta y dos millones de años, puede decirse que su origen es relativamente reciente en términos geológicos; el periodo Paleógeno tocaba a su fin y con ello empezaba una época de transición del clima tropical ancestral al clima templado moderno, con la consecuente reducción de masa forestal en los trópicos y su característica extinción masiva. Una tenue red de fallas abiertas en la corteza terrestre a causa de la expansión del océano y la consecuente debilidad local de dicha corteza se dan en este punto específico de la placa tectónica africana, lo que dio forma a grandes bloques graníticos donde se asentaron los incipientes volcanes alimentados por los escapes magmáticos del manto a través de las fisuras.
Desde los albores del Oligoceno, última etapa del Paleógeno, una intrincada sucesión de fases eruptivas forjaron numerosos niveles superpuestos de sedimentos basálticos que terminaron por emerger a la superficie marina partiendo de un lecho oceánico situado a casi tres mil quinientos metros de profundidad; erupción tras erupción, los volcanes tenían que abrirse paso a través de coladas cónicas de lava cada vez mayores. En nuestros días, la compleja cadena de erupciones que ha propiciado un relieve inconfundible está lejos de tocar a su fin, como demuestra la actividad vulcanológica registrada actualmente en El Hierro. Hoy pueden contarse varios volcanes en las tierras emergidas de Canarias, aunque muchos otros se ubican bajo la superficie marina o han cesado en su actividad en épocas pasadas, viéndose sepultados por las eyecciones de volcanes activos cercanos.
Las formaciones visibles más antiguas son denominadas “Moles antiguas” o “Macizos viejos” por los Vulcanólogos; están presentes mayormente en Gran Canaria, el Norte de La Palma, Fuerteventura en su vertiente Sur, La Gomera, y ciertas zonas aisladas de Tenerife y Lanzarote. Más recientes son las Dorsales que se manifiestan en El Hierro, el Sur de La Palma y áreas localizadas de Tenerife. Lo cierto es que la complejidad de las fases eruptivas del archipiélago es tal que por ahora no se conoce en profundidad la sucesión de acontecimientos que han conformado el panorama geológico actual.
Es el Teide el mayor de los volcanes canarios, de hecho, con más de siete mil metros de altura sobre su base, es el tercer monte más alto del planeta tras los Hawaianos Mauna Loa y Mauna Kea; a su vez, se trata del pico más elevado del océano Atlántico y del territorio español, con una altitud sobre el nivel del mar de 3.718 metros. La formación de la isla de Tenerife se debe como cabe esperar a la actividad de este volcán cuya proyección se edificó en cinco fases conocidas que se iniciaron hace unos treinta millones de años y asomó en la superficie marina hace unos diez millones. La primera etapa dio origen a la base almohadillada que emergió y acogió las eyecciones de tres volcanes adyacentes que conformaron capas sucesivas de lava en forma de escudo; tras una serie de erupciones espaciadas en el tiempo por unos tres o cuatro millones de años, una interrupción temporal de la actividad propició el efecto acumulado de la erosión aunque en una tercera fase se reanudó la actividad en series postmiocenas, dando origen a un edificio volcánico colosal, sostenido por dos conos eruptivos, que bien pudo alcanzar los cuatro mil quinientos metros de altitud y cuarenta mil de diámetro. Semejante mole condicionó en gran medida el aspecto actual del centro de la isla, aunque finalmente se colapsó por efecto de la gravedad y se hundió bajo su propio peso, deslizándose en parte hasta el mar por el Norte de Tenerife, formando las actuales Cañadas del Teide. En etapas posteriores, hasta cuatro edificios se levantaron y decayeron sobre la base del coloso pétreo, siendo el último, conformado hace apenas un millón de años, el que hoy conocimos como Teide.

El Teide y la formación “Roque Cinchado”.

Junto al mismo Teide, formando parte de un mismo macizo en el corazón de Tenerife, se encuentra el Pico Viejo; sus 3.135 metros de altitud sobre el nivel del mar lo convierten en el segundo monte más alto del archipiélago. Su formación está ligada a la del propio Teide, aunque su configuración actual se debe a la última erupción, acaecida a finales del siglo XVIII, que tras meses de eyección de materiales modificó el paisaje de su entorno, elevó la cima y dejó tras de sí un cráter de casi ochocientos metros de diámetro. En el entorno del macizo Teide – Pico Viejo pueden encontrarse la célebre caldera de Cañadas del Teide y el Alto de Guajara. También aquí se ubica la Montaña Blanca, a los pies del Teide, formada en erupciones relativamente recientes que han dejado un cono poco pronunciado. Llegados a este punto, invito a cualquier lector interesado a contemplar un grupo de instantáneas tomadas en este conjunto volcánico por Rubén Nebot, a quien agradezco la cesión de fotografías para ilustrar el presente documento. Pueden encontrar dicho archivo fotográfico en nuestra página de seguidores en Facebook.

Estratigrafía volcánica de Tenerife.

En La Palma, encontramos un vestigio volcánico impresionante, la Caldera de Taburiente, origen y cumbre de la isla. La caldera magmática generada por una erupción hawaiana o de escudo forma hoy un circo situado a más de seiscientos metros sobre el nivel del mar, en el centro mismo de La Palma.
Al Sur de esta misma ínsula hallamos la Cumbre Vieja, origen de la proyección sureña de la isla; Junto al volcán de Fuencaliente y otras formaciones conforma la región de los volcanes de Teneguía. El propio volcán de Fuencaliente protagonizó la última erupción de la zona en 1.677 y la fuerte termal de Fuente Santa es consecuencia de ella.
Otro volcán de lo más impresionante es el denominado Caldera de Bandama, ubicado en el Noreste de Gran Canaria. Sus violentas y explosivas erupciones generan un cráter de tamaño titánico comparado con el resto de formaciones canarias. Se estima que la última erupción tuvo lugar hacia el siglo primero de nuestra era, pero la estratigrafía revela grandes erupciones anteriores, producidas hace cuatro mil y cinco mil años respectivamente.
La isla de Fuerteventura presenta en cambio un panorama diferente, pues no está constituida por uno, dos o tres grandes volcanes, sino que se forjó gracias a un cúmulo de respiraderos volcánicos que eyectaron cenizas en capas sucesivas; el complejo volcánico se compone de al menos veinticinco conos cercanos unos de otros, puede que más. Entre todo ellos, destaca el Pico de la Zarza con sus 812 metros sobre el nivel del mar.
El resto de islas presentan igualmente muestras de su origen volcánico. En El Hierro encontramos el Pico de Malpaso que con sus 1.501 metros de altitud preside la isla desde su centro, aunque quizá sea más atractivo el Valle del Golfo, producto del deslizamiento de buena parte de la isla original. El Monte Garajonay, de 1.487 metros de altitud, se ubica en La Gomera y su peculiar cono rige el paisaje insular. Por su parte, Lanzarote tomó su aspecto actual gracias a tres fases eruptivas bien definidas que le han valido el sobrenombre de “Isla de los Volcanes”.
Durante la era glaciar del Cuaternario, las islas Canarias experimentaron un clima más árido que en épocas anteriores, lo cual favoreció la erosión y la aparición de derrubios en las laderas y los barrancos de todas las islas, presentando en cambio escasas zonas de acumulación litoral, lo que supone la existencia de muy pocas playas naturales. Las costas son obviamente las zonas más expuestas la erosión debido al embate del oleaje y en Canarias predominan los grandes acantilados. Resulta destacable el hecho de que incluso en los sectores geológicamente más antiguos del archipiélago predominan las formas constructivas sobre la erosión y la sedimentación, pero en las zonas estructuralmente deprimidas se acumulan grandes masas de derrubios poco rodados, aunque se trata de un fenómeno más bien poco frecuente.
Lejos de verse mermada la actividad volcánica, este mismo año contemplamos una nueva erupción al Sur de El Hierro, a unos ochocientos metros bajo el nivel del mar, aunque el cono eruptivo ha superado ya los cien metros de altura sobre su base; Canarias sigue siendo un archipiélago en construcción.

3 comentarios:

Ciencias Biologicas dijo...

Muy bueno el contenido de su blog !

LaMarieta dijo...

Seguirlo es siempre un placer.
Saludos

Raúl Nebot (Xinquer). dijo...

Gracias por seguir de cerca este Blog, sin lectores, sería un espacio carente de sentido.

Saludos.

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