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martes, 6 de marzo de 2012

El valor de los fósiles: Trilobita.

Ha transcurrido más de medio año desde que publicase la hasta ahora más reciente entrega de la cada vez más popular saga “El valor de los fósiles”, aunque lo cierto es que no la había olvidado en ningún momento. Evidencia de ello es este texto que pretende complementar aquél anterior dedicado a los Artrópodos, presentado en su momento de forma escueta y poco profunda al hacer referencia a un grupo biológico muy holgado, pero en el que se omitió intencionadamente toda referencia a la Clase Trilobita, cuya presentación bien merece un trato especial; el trato que le otorga esta publicación. Como ocurrió con sus antecedentes, será esta narración un artículo igualmente genérico y poco profundo, algo necesario a la hora de poner en valor un grupo tan diverso y poblado de especies en un espacio limitado. Espero que al menos sirva como reseña introductora.
Trilobita es una Clase, cuyos miembros son denominados “Trilobites”, término que se refiere a su aspecto trilobulado a causa de sus tres franjas o lóbulos longitudinales que recorren sus cuerpos cubiertos de exoesqueleto. Hasta la fecha han sido descritas en torno a cuatro mil especies y abarcan un periodo geológico de algo más de trescientos millones de años a lo largo de toda la Era paleozóica. De hecho, hay que remontarse a estratos de más de quinientos cuarenta millones de años para hallar, en tiempos del Cámbrico inferior, los primeros miembros conocidos de este grupo, que eran ya fácilmente distinguibles de otros Trilobitomorfos contemporáneos. El registro fósil ofrece una visión generalizada bastante buena del devenir histórico de los Trilobites, merced a los abundantes restos hallados en forma de exoesqueletos, mudas, ignitas y perturbaciones en el estrato como túneles y refugios.
Partiendo de unos humildes inicios como pequeñas criaturas que vagaban por los someros fondos marinos cercanos a la costa, los Trilobites se diversificaron notablemente a lo largo del periodo Cámbrico, generando infinidad de especies que poblaban un buen número de nichos ecológicos marinos; sin embrago, la extinción masiva de finales de dicho periodo conformó su primer gran obstáculo, pues tan sólo sobrevivieron las especies que habitaban el piélago, es decir, las aguas marinas profundas alejadas de las plataformas continentales. Su recuperación durante el periodo Ordovícico valió por una segunda edad dorada, alcanzando su máxima diversidad de formas y tamaños permitiendo la ocupación de la práctica totalidad de los nichos ecológicos oceánicos. Es a partir del periodo Silúrico, hace unos cuatrocientos treinta millones de años, cuando mostraron por primera vez escasa divergencia adaptativa, estancándose en gran medida su desarrollo evolutivo hasta que las dificultades medioambientales del Devónico tuviesen como consecuencia una notable disminución de formas hasta el punto en que a finales de dicho periodo solo un Orden permanecería vivo. El Carbonífero sería un periodo duro para los Trilobites, restringidos ya a ecosistemas de arrecife y entornos similares, en aguas someras y ricas en nutrientes, pero su diversidad era ya muy escasa, conformando un grupo en franco declive. El periodo Pérmico y su nueva extinción masiva acaecida a título póstumo no sirvieron más que para rubricar el epitafio de una de las Clases artrópodas más exitosas y longevas conocidas.
Morfológicamente, los Trilobites presentan formas muy variadas pero igualmente características que los hacen fácilmente identificables incluso a ojos poco diestros. Presentan un cuerpo plano y liso, de silueta ovalada u ovoide, cuya anatomía está dividida en tres tagmas o tramos: La cabeza o Cefalón, compuesto por varios segmentos indistinguibles fusionados en la que pueden apreciarse los ojos, los más antiguos conocidos, a veces pedunculados, así como dos puntas genales compuestas, una fija y otra móvil; una Glabela y un Hipostoma, una placa insertada bajo la Glabela que daba soporte a la boca bajo la cabeza. El Tórax, conformado por segmentos articulados que van desde los dos a los cuarenta metámeros perfectamente identificables que dotaron al Animal de una gran flexibilidad, permitiendo un enroscamiento completo que brindase protección; dichos segmentos presentan un par de patas natatorias o motrices, así como un par de branquias para ejercer la respiración. El Pigidio, que junto al Tórax conforma el tronco del Animal, consta de un número variable de segmentos que al igual que en el Cefalón resultan indistinguibles a causa de una perfecta fusión, conformando una estructura compacta y rígida. Tanto los segmentos de éste como los del Cefalón están dotados de patas similares a las presentes a lo largo del Tórax.
Presentan dos surcos o franjas longitudinales que dividen el cuerpo en tres lóbulos claramente delimitados que dan nombre a la Clase. Apéndices rígidos y articulados de todas las formas y tamaños imaginables rematan de forma peculiar cada especie. En cuanto al tamaño, es posible encontrar especies que van desde unos pocos milímetros hasta ejemplares que rebasan los sesenta centímetros de longitud.
Cabe añadir que los Trilobites más antiguos presentaban una metamorfosis completa durante su desarrollo, partiendo de un estado larvario en el que solo el Cefalón era reconocible hasta la aparición gradual de los segmentos y el Pigidio, cada vez más numerosos muda tras muda. Esta metamorfosis desapareció a mediados del periodo Ordovícico con lo que las especies posteriores eclosionaban de sus huevos perfectamente formadas y reconocibles como los adultos.
Los orígenes de esta Clase resultan inquietantemente desconocidos, aunque se conocen grupos biológicos evolutivamente cercanos, pues ya desde muy temprano son identificables como grupo. Actualmente son diez los Órdenes reconocibles, en los que a su vez se clasifican gran número de Subordenes, Superfamilias y otros Clados inferiores que dan lugar a unas cuatro mil especies. Estos Órdenes principales son Agnostida, Redlichiida, Corynexochida, Lichida, Nektaspida, Phacopida, Proetida, Asaphida, Harpetida y Ptychopariida. Este cladograma no siempre ha estado tan bien definido y en el pasado fueron muchas las propuestas valoradas e incluso hoy día encontramos voces discrepantes que no se contentan con el esquema aquí reflejado.
Como no quisiera extenderme en exceso, aunque bien pudiera sentar cátedra solo con este grupo, pasaré sin más demora a presentar algunos especímenes que forman parte de mi colección personal de fósiles; con esa misma intención, quedarán excluidas algunas piezas de gran interés, pero podrán ser contempladas fotográficamente en una nueva carpeta puesta a disposición de los seguidores de este Blog en Facebook.
Para empezar les mostraré una de las piezas de mayor antigüedad de mi colección; se trata de la especie Peronopsis interstricta, un miembro de la Familia Peronopsidae que habitó los fondos marinos poco profundos del Cámbrico, hace algo más de quinientos millones de años. Proceden de Millard County, en el estado norteamericano de Utah y en esta diminuta matriz de unos pocos centímetros cuadrados pueden verse dos ejemplares completos junto a restos menos notables de Cefalones y segmentos dispersos. El mayor de los especímenes apenas mide cuatro milímetros de longitud, con lo que presenta el mismo tamaño que un grano de arroz crudo. Esta especie se halla en gran densidad en el estrato aunque su extracción resulta delicada dada la fragilidad de la roca.

Peronopsis interstricta.

La siguiente fotografía presenta dos ejemplares de lo que antaño eran denominados Calymene tristani, aunque las repetidas revisiones filogenéticas y sus consecuentes reclasificaciones han terminado por confundirme hasta el punto de no poder aseverar la identidad definitiva de sendos ejemplares procedentes de las regiones más dispares gracias a su amplia distribución geográfica. Son en cualquier caso moradores de aguas no muy profundas del Ordovícico medio, con lo que cuentan con una antigüedad cercana a cuatrocientos sesenta millones de años.

Calymene sp.

Para terminar, les muestro una forma trilobítica más moderna, correspondiente a la última fase del periodo Devónico. Su nombre genérico - específico es Coltraneia affelesa, un Acastidae procedente del Norte de Marruecos. Sus vistosos apéndices laterales y posteriores lo dotan de un aspecto espectacular, aunque estamos ante un ejemplar que quedó preservado con una severa flexión de la parte superior del Tórax. Mide algo más de cinco centímetros de longitud.

Coltraneia affelesa.

Con este ejemplar, y sin dejar de invitarles a ver una mayor variedad de piezas en el grupo de seguidores de Facebook quisiera dar por finalizada esta leve presentación que como de costumbre ocupa ya una extensión considerable en el Blog, espero que al menos haya resultado de su agrado e interés. Con el presente artículo daré también por finalizado tan esquemática travesía entre la inmensa diversidad de Invertebrados presentes en el registro fósil; en artículos venideros serán los distintos grupos de Vertebrados los que tengan aquí su referencia.

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